Roger Waters en Madrid, mayo 2018

Vivimos en un mundo en el que valores como la confianza, transparencia y autenticidad son cada vez más demandados.

Por otro lado, la distribución de poderes está más equilibrada, resultando en escenarios horizontales en los que el principio de la colaboración en entornos sociales y profesionales comienza a imponerse.

Dos partes dispuestas a colaborar bajo el espíritu del respeto común y el bien recíproco llegarán mucho más lejos y aportarán más valor a la sociedad que si esa actitud no se cultiva y nutre de forma continuada.

Desde que decido emprender hace una década tuve muy claro que la esencia y el carácter de la compañía debían tener estos fundamentos, en todos los terrenos, incluido el de la relación con nuestros colaboradores, proveedores y clientes.

Y así ha sido y es en la mayor parte de los casos. Las relaciones con las empresas a las que prestamos servicios se han caracterizado por escenarios de respeto, confianza, honestidad, transparencia, compromiso común e intercambio recíproco de valor. Quizá por ello, y también porque la agencia nunca ha sido la misma - renovándose y reinventándose constantemente para que la promesa de valor destilara siempre innovación - las relaciones han sido y son duraderas.

Pero la excepción marca la regla, y ese mundo ideal y que podría para algunos sonar a fantasía a veces se ha topado con los viejos y cansinos paradigmas en los formatos de relación: el que compra o puede comprar es el que manda, y tu posición como agencia debe ser aquella de sumisión y servilismo.

Pues no señor. Porque aquel que desea comprar tiene una necesidad, del tipo que sea, y por ello va al mercado: porque requiere de la mejor solución y no dispone de recursos internos para satisfacerla. Y efectivamente, el mercado es libre, pero es que lo es tanto para el comprador como para el vendedor.

Me niego a aceptar situaciones de abuso y de mala fe, y prefiero señalarlas y enfrentarme a ellas que callar y aceptar en silencio lo que es inaceptable de todo punto. Es simplemente marcar claramente una línea que jamás debe ser traspasada: aquella del RESPETO. El carácter de marca no sólo se forja apuntando hacia la excelencia sostenida en el tiempo en la prestación de servicios sino también haciendo frente y denunciando públicamente este tipo de situaciones que nunca deben ocurrir ni ser aceptadas.

El prestigioso sociólogo canadiense Malcom Gladwell lo describe claramente en su libro “David y Goliat. Desvalidos, inadaptados y el arte de lucha contra gigantes”: los débiles (o, mejor dicho, los underdogs, algo así como “los previsibles perdedores”) no son en realidad las víctimas, sino aquellos que, precisamente por sus dificultades, llegan más lejos.

Ángel González, fundador y CEO de Ideagoras

Advertising, Social Media Marketing, Branding, Managing Change, Entrepreneur, Keynote Speaker, Business Romantic, Blogger.

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