Sobre el Mito de la Creatividad

Este verano vino a mis manos el libro de los hermanos Tom y David Kelley Creative Confidence cuya lectura recomiendo. Como sabéis, los hermanos Kelley son los fundadores de IDEO, quizás la empresa más importante en design thinking.

Hacía tiempo que me sentía atraído por este concepto. Sabía que compañías como Apple, Starbucks, GE, IKEA, British Airways, The North Face y otras lo venían no sólo implementando en sus procesos de innovación, sino haciéndolo formar parte de su ADN. Pero confieso que no tenía mucha idea de lo que ello significaba.

Sin embargo, en este libro los hermanos Kelley en primer lugar ponen su foco en desmontar una creencia bastante generalizada y que por desgracia nos ha llevado por una lado a perder el valor y aportación de grandes talentos y por otro lado a alabar en muchas ocasiones la mediocridad y la vanidad más tóxica: porque todos los seres humanos tienen un enorme potencial creativo, otra cosa es que el entorno social lo inhiba, apague o esconda, o bien que no lo sepamos cultivar o que directamente lo refiramos a expresiones de territorios muy acotados como el arte, la arquitectura o la literatura.

Parece que esa curiosidad, atrevimiento, creatividad, e inquietud que tenemos en nuestros primeros años de vida empieza a desvanecerse o a quedarse oculto -pero latente- en cuanto somos escolarizados. La famosa charla de Sir Ken Robinson en TED en 2007 denunciaba este hecho de forma magistral: ¿los colegios matan el espíritu creativo de los niños?

Siempre he pensado que todos mantenemos vivo, aunque escondido, el espíritu de aquel niño que fuimos. Se dice que una de las claves del éxito de las actividades de gamificación dirigidas a adultos tiene que ver con el hecho de que despiertan en nosotros dicho espíritu, eso sí, en un contexto en el que no tememos al sentido del ridículo porque nuestros pares también participan.

Los hermanos Kelley hacen una llamada a la ruptura de estos estereotipos en las sociedades modernas, retándonos a cultivar e impulsar nuestra creatividad y sentido de la innovación. Ellos lo llaman recuperar a través de la autoestima la confianza creativa, invitándonos a romper esquemas preestablecidos y a poner en valor nuestra capacidad de generar y desarrollar ideas, independientemente de cuál sea nuestra profesión o nuestro rol en las organizaciones para las que trabajamos.

La segunda parte del libro ya aborda el concepto design thinking. Lo que parece una metodología complicada no es más que un proceso reglado en el que hay mucho de sentido común. La base es la empatía como paso absolutamente necesario para la definición del problema a abordar, problema que debe estar formulado centrad0 en la persona, en sus insights, su comportamiento y experiencia. La empatía como punto de partida puede parecer una obviedad, pero creo que es donde en muchas ocasiones no se presta apenas atención, o directamente se pasa por alto. Porque al igual que el sentido de la escucha activa, la empatía es una rara avis en la condición humana.

El tercer paso, el de la ideación: un brainstorming colectivo conducido bajo el espíritu del “Nosotros Somos Más Inteligentes Que Yo” en el que están prohibidos los si pero, las críticas súbitas, la calificación precipitada, el menosprecio a los compañeros del grupo de trabajo y por supuesto los gurús y las/los vedettes iluminados y auto-considerados imprescindibles. Las ideas son de todos, son co-creadas, pertenecen al grupo y lo dejarán de ser en el momento el que se ejecuten y se pongan al servicio del individuo, colectivo o sociedad para las que fueron creadas. Mientras tanto, es esta task force la que tiene el poder para desestimar, desarrollar o evolucionar las ideas planteadas.

Éstas suelen ser conceptos expresados de forma embrionaria en un papel, un moleskine, un post-it, un flip-chart o un white board. Pero deben ser tangibilizadas, prototipadas. Este es el cuarto paso de un proceso de gestación de una idea a la que le llega el momento de verdad: la ejecución de la misma para ser testada -quinto paso- con todos los riesgos que ello conlleva. Bueno, riesgos que no son más que oportunidades porque equivocarse forma parte del proceso.

Se invita a que esta fase sea fluida. Cuántas grandes ideas quedan aparcadas por la llamada parálisis por el análisis, o porque no tienen fecha final (lo que no tiene fecha no existe) o por pura procrastinación.

Hay que equivocarse, hay que fallar, errar y por supuesto no castigar este hecho, sino asumir que forma parte del viaje de la innovación. Recuerdo las palabras de Astro Teller, el jefe del laboratorio de ideas secretas de Google, el llamado Google [X], afirmando eso de que los errores son nuestros amigos, cuando contaba las procelosas historias de los coches sin conductor, los globos estratosféricos para llevar Internet a todos los rincones del mundo, el proyecto Wing de aviones no tripulados o el mismo programa Explorer de Google Glass.

Desmontar el Mito de la Creatividad sólo depende de ti. Así que con humildad pero con mucho orgullo es hora de que te nombres a ti mismo director creativo ejecutivo de tu vida…y encima quedarte tan ancho.

Ángel González

@angel189

Advertising, Social Media Marketing, Branding, Managing Change, Entrepreneur, Keynote Speaker, Business Romantic, Blogger.

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